Padecimiento Difícil de Detectar

  Al enterarte de que estás enbarazada, además de acudir con el ginecólogo, someterte a estudios y tomar ácido fólico, debes tomar más precauciones, como no estar expuesta a rayos X. ¿La razón? Tu hijo puede nacer con espina bífida. Este padecimiento marca la vida de los pequeños si no es tratada desde su nacimiento. Es importante que médico que reciba a tu hijo en el parto verifique todo su cuerpo y sea capaz de detectar alguna mancha o relieve preocupante, indica Alfredo Hoil Parra, neurocirujano pediatra de la cínica Star Médica. La espina bífida es la malformación de la última vértebra, lo que a su vez ocasiona una malformación de la última vértebra, lo que a su vez ocasiona una malformación de su médula espinal. Se forma entre los días 21 y 38. Los niños que nacen con esta variante, también conocida como mielomeningocele, tienen daños neurológicos al nacer.
  Es importante que, al detectar este mal, el niño sea operado tan pronto como sea posible. El mielomeningocele es el más frecuente de los tipo se espina bífida y deja graves secuelas en los niños. La cirugía repara la malformación, pero la secuela es irreversible.
La espina bífida se considera multifactorial, puede ocasionada por la genética, radiaciones, desnutrición o maternidad a una edad temprana o muy tardía. Existen medicamentos que están relacionados con este padecimiento, por ejemplo, los epilépticos pueden correr el riesgo de que sus hijos nazcan con este problema.

      Prevención Oportuna
El tratamiento preventivo con ácido fólico es una de las medidas para disminuir esta incidencia, que ha ido bajando con los años. Las mujeres en edad gestacional, aunque no estén embarazadas, deben ingerirlo con el fin de evitar esta enfermedad en sus hijos. "Si la mamá ya tuvo un hijo con espina bífida el segundo hijo tiene un probabilidad ligeramente más alta de tener espina bífida en relación a la estadística general", enfatiza el especialista.
  La espina bífida tiene variantes, como el mielomelingocele, que es la forma abierta, en la que el niño no tiene piel y la médula está expuesta. Se presenta entre el 60% y 70% de los casos de espina bífida al nacer, se considera una urgencia al momento de nacer y se debe operar de inmediato. Otra variante es la espina bífida oculta (cerrada), el segundo tipo más frecuente del mal, que no está expuesta y a la que se le conoce como lipomeningocele y se le considera como una afección pseudotumorial. El especialista hace énfasis en la importancia de tratar esta afección de forma temprana debido al daño que puede causar.
es vital estudiar cualquier marca en la espalda baja del niño, un orificio, una pequeña tumoración o un mechón de cabello, pues pueden ser indicios de un problema con la médula espinal.
  El doctor Hoil Parra explica que si se opera de manera temprana (antes de los seis meses de edad) a un paciente con la variante oculta, se pueden evitar las secuelas neurológicas; de no tratarse a tiempo, los daños son irreversibles. La otra variante es conocida como seno dermoide, se manifiesta como una mancha y una depresión u orificio en la espalda. En esta variante la piel está comunicada con el sistema nervioso, y si no se trata a tiempo, puede causar una infección llama meningitis, crear un absceso en la médula y producir una parálisis u otras lesiones irreversibles.
  El médico puntualiza que es muy importante que la gente conozca este problema y que los pediatras no pasen por alto el diagnóstico. Todas las manchas o rarezas en al espalda ameritan una valoración oportuna para evitar complicaciones que ponen en riesgo el futuro del niño.

Bibliografía
Star Médica (2010, 27 de Marzo). Padecimiento Difícil de Detectar. En Calidad Certificada a Tu Alcance, 27 de Marzo de 2010.




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